Hablemos de Alicia

Acabo de leer su última entrada. Si no me equivoco, es la número 51 de su blog, titulado Vamos a vivir la vida… ¡que se la llevan!. Estoy hablando de Alicia Lakatos.

Ella fue mi clienta más asidua el tiempo que llevé la tienda de Cornellà que mi mujer y yo montamos el año 2013. Aún hoy, siempre que encuentra un hueco en esa agenda laboro-literario-sentimental tan densamente llena que tiene, intenta escaparse y hacernos una visita en nuestra parada del mercado La Plana de Esplugues.

Precisamente, en una de esas escapadas, el 23 diciembre de 2014, me dijo que no podía subir porque le llegaban unos ejemplares del libro que recién le habían publicado, y vendría días después. ( ¿Alicia ha escrito un libro? ). Efectivamente, días después nos regaló un ejemplar dedicado.

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Después de leerlo, en cuanto supe que había publicado El Cascabel, su secuela, tardé poco en comprarlo directamente.

Sabéis, Alicia es como esa mujer que te encontrarías por la calle y la saludarías por cortesía y por su agradabilidad, pero nunca intentarías averiguar más de ella, ya que ella nunca llama la atención. Bueno, hasta que la conoces.

Porque Alicia es como ese primer rayo de sol de la mañana que te da vida sin darte calor. Es un doble estímulo para el intelecto y para el corazón. Pero nunca emplea una palabra altisonante o rebuscada. Su lectura, la cual recomiendo incluso a mi hija mayor, de 12 años (a ver si deja la puñetera tablet un rato), es sencilla, amena, casi plana, pero con esa sencillez te envuelve y te mete dentro de la historia que te está explicando, y te acerca a esos encantadores animales y a esa maravillosa y grande, pequeña familia.

Toda la ira contenida que las palabras de su padre le estaban dirigiendo, toda la rabia de las ideas, tan ciertas por otra parte, que le estaba prácticamente escupiendo en la cara, le habían hecho decidirse a abandonar aquella casa para siempre cuando dejara de hablar; pero la última frase había sido como una auténtica explosión en su corazón. Jamás su padre le había dicho que la quería; pero también era cierto que jamás le había hablado con tanta crueldad. ¿O no era crueldad, sino realidad?

Pues cuando hablas con ella, su conversación es igual, sencilla y amena. Porque Alicia escribe como habla y habla como escribe. Y yo creo que habla y escribe, como piensa y como siente (esto último no lo puedo asegurar porque no la conozco tanto, pero pondría la mano en el fuego que es así).

No me voy a olvidar de sus amores, sus perros. O debería decir los perros. Porque ella destina la recaudación de la venta de los libros a la ayuda de animales necesitados. Pero tampoco me voy a olvidar de su corazón. El pasado 23 de abril, día de Sant Jordi, donó ejemplares de sus libros a la ONG El Llibre Solidari, entidad que recibe libros donados, los vende a precios económicos y con el dinero recaudado ayudan a personas mayores con pocos recursos. Pero no solo los donó, sino que además se comprometió a firmarlos en los diferentes stands que la asociación tenía.

En su blog, en el que por cierto no hay publicidad de sus libros, cada semana Alicia nos va desgranando un aspecto de su vida, sus amigos, sus vecinos, su familia, o incluso algún tema o preocupación que le ronda la cabeza, esa cabeza tan ordenadamente amueblada.

Ella no está casada. Pues yo creo que también fue por altruismo, no quiso concentrar tanto corazón en una sola persona y prefirió ir repartiéndolo generosamente a todo el mundo que la conoce.

Sólo quiero decir una cosa más sobre Alicia. En su último libro, El cascabel, hay dos capítulos 12, es decir, el último capítulo no es el 13. ¿Supersticiones de Alicia?

Sé que esta entrada no es una de las habituales de mi blog, pero se la debía. Tanto escribir acerca de los demás, y nadie escribe acerca de ella. En fin, esta deuda ya la he saldado; la próxima, a mediados del próximo año. Palabra.

2 opiniones en “Hablemos de Alicia”

  1. Nunca imaginé al entrar aquella mañana en tu tienda para comprar un poco de jengibre, que la vida me fuera a regalar una amistad como la tuya. ¡Bendito Cornellà!
    Solo se me ocurre una palabra: GRACIAS

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